Breve diagnóstico de situación sobre el conflicto israelo-palestino
         José Abu-Tarbush.
La situación por la que atraviesa el conflicto israelo-palestino no es exactamente de parálisis, pero tampoco se registra indicio alguno que permita sugerir lo contrario. Pese a los últimos acontecimientos registrados en la zona, nada predice que vaya a producirse un cambio sustancial en la posición de los contendientes. De hecho, la agresión israelà a la franja de Gaza y el resultado de las elecciones israelÃes parecen adentrar la potencial resolución del conflicto en un nuevo callejón sin salida. Las posiciones al respecto son conocidas, el gobierno que preside BenjamÃn Netanyahu se ha pronunciado claramente en contra de la creación de un Estado palestino. Sin menospreciar declaraciones más alarmantes como las que sostiene su ministro de asuntos exteriores, Avigor Lieberman, partidario de una nueva transferencia de población palestina, en este caso, de los palestinos de 1948 (también conocidos como árabes-israelÃes). De ahà la nueva exigencia israelà de ser reconocido como un Estado judÃo (esto es, de base exclusivamente étnica). Exigencia que ha establecido como contrapartida para reanudar las negociaciones con la parte palestina; y que, según muchos analistas, no deja de ser una estratagema dilatoria para seguir con la actual polÃtica israelÃ, de claro unilateralismo, que no sólo ignora a su contraparte en las negociaciones, sino que también aprovecha para imponer sobre el terreno nuevas transformaciones que impidan la materialización de un futuro Estado palestino (nuevas confiscaciones de tierras palestinas, nuevos asentamientos, establecimiento de nuevos colonos, fragmentación del territorio palestino, etcétera).
 Por su parte, los palestinos registran una profunda división entre las filas de los nacionalistas-populistas de Fatah y los nacionalistas-islamistas de Hamás. Semejante división no ha hecho más que debilitar su ya de por sà débil posición en el conflicto y, más concretamente, en las negociaciones. Las rondas negociadoras que sostienen los diferentes grupos palestinos, desde el pasado mes de marzo, para forjar una nueva unidad nacional no han logrado, hasta la fecha, su objetivo ni existen perspectivas que permitan hablar de un acuerdo inminente. En cualquier caso, de alcanzarse éste, habrÃa que tomarlo con mucha cautela, pues muy probablemente se realizará sobre un mÃnimo común denominador o, dicho de otro modo, sobre bases muy débiles. El problema de la división palestina no reside en una mera confrontación polÃtica e ideológica (nacionalistas de sensibilidad populista o islamista), sino en dos visiones diferentes de su estrategia nacional. Es más, sin una reforma de la que sigue siendo la principal organización palestina, Fatah, (en la que coexisten diferentes y contradictorias posiciones), difÃcilmente se pueda fraguar una unidad palestina sobre bases sólidas.
 Por último, en el actor internacional de mayor influencia en la región (y, en particular, sobre Israel) se ha registrado un cambio que, en opinión de muchas voces, resulta esperanzador. Sin duda, el reemplazo en la administración estadounidense ha generado numerosas expectativas, sobre todo en esta parte del mundo por su reconocida y mencionada influencia. Pese al inicial silencio de Obama sobre la crisis de Gaza, su nombramiento de George Mitchell como enviado especial de su administración para la región ha sido considerado como un gesto de mayor equilibrio y sensibilidad frente a la polÃtica claramente parcial de su predecesor en la Casa Blanca. Es más, en los cÃrculos de influencia sobre la polÃtica exterior demócrata se reconoce la necesidad de equilibrar la posición estadounidense apostando por la creación de un Estado palestino. Se considera que es una tarea urgente dado que el tiempo apremia, pues podrÃa ser demasiado tarde para implementar la solución de los dos Estados. De lo contrario, el futuro del Estado israelà peligrarÃa. Semejante preocupación parece ser el principal giro en la polÃtica exterior de Washington. Declaraciones parecidas realizó el anterior primer ministro israelÃ, Ehud Olmert, que consideraba que si no se llegaba a la solución de los dos Estados el futuro de Israel serÃa otro completamente diferente al actual, pues se transformarÃa en un Estado segregacionista al estilo de la Sudáfrica del apartheid; y por la presión externa, y la de sus propios aliados, se verÃa obligado a otorgar el derecho de voto a la población palestina que ocupa militarmente desde 1967. Entonces Israel dejarÃa de ser un Estado de base étnica, judÃo; y terminarÃa transformándose en otro tipo de Estado. De hecho, cada vez son más las voces que abogan por esta solución, la de un solo Estado, el de todos sus ciudadanos sin discriminación alguna por su origen étnico y confesional.
 La pregunta es, ¿se impondrá la solución de los dos Estados por la que abogan los palestinos y ahora también Estados Unidos o, por el contrario, esta opción se dilatará en el tiempo hasta que sea inviable su implementación en el futuro?
El Dr. D. José Abu-Tarbush, Profesor Titular de SociologÃa de la Universidad de La Laguna, especialista en Relaciones Internacionales. Sus análisis sobre el mundo árabe islámico se han materializado en un buen número de intervenciones públicas, congresos internacionales y publicaciones. Entre esas publicaciones, destacan sus libros: La cuestión palestina: identidad nacional y acción colectiva. (Madrid, 1997) e Islam y comunidad islámica en Canarias: prejuicios y realidades. (La Laguna, 2002). En esta misma lÃnea de investigación, es coautor de obras colectivas como España y la cuestión palestina (Madrid, 2003); Oriente Medio: el laberinto de Bagdad. (Sevilla, 2004); The Palestinian Diaspora in Europe: Challenges of Dual Identity and Adaptation. (Palestina, 2005); El mundo árabe e islámico: experiencia histórica, realidad polÃtica y evolución socio-económica. (Bilbao, 2006); y de artÃculos aparecidos en revistas especializadas como "Del nacionalismo a los islamismos", Ayer. Revista de Historia Contemporánea, núm. 65, 2007.
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